
Miraba hacia la ventana y no veía mas que nieve y vikingos por doquier. Todo era
azul y penetraba profundamente en los ojos de Alisha. Estaba sola, leyendo un libro del señor
Darwin e intentaba averiguar qué coño quería decir ese hombre con eso de que sólo sobrevive el
que más acepta el cambio. No entendía ni una palabra de lo que este tipo barbudo decía en ese libro roñoso y lleno de rayones. El caso es que Alisha había decidido marcharse de esa ciudad tan fría y oscura para pertenecer a otros mundos donde la gente disfrutaba realmente de la vida, o eso al menos, es lo que le habían dicho a ella hace un tiempo atrás. O no, espera, no se lo habían dicho, lo había pensado ella por sí misma. Se había convencido de que esas gentes barbudas, gordas y más frías que un iglú en Groenlandia eran gente rara y hosca. -No, no, ya no quiero estar más aquí- dijo Alisha de repente. Cogió las cuatro cosas que tenía en esa habitación de mala muerte donde llevaba viviendo más de tres años, una vivienda que perteneció a los oscuros años de la guerra y donde habían matado a más de un millón de personas por su color de pelo, ojos e incluso el color de la piel. Alisha no sabía el porqué de este caos que marcó una época negruzca. Sus padres habían sido desterrados al pueblo vecino, gente humilde pero con ganas de sobrevivir. Ahora, sentada en ese tren exprés que la llevaba al más allá, decidió no mirar hacia atrás y seguir adelante con su mísera vida. Estaba decidida a tomar nuevas riendas y comenzar lo que podría ser un nuevo mundo.
Mientras miraba a través de la ventana, escuchaba aquellas extrañas voces que venían del pasillo opuesto. Un acento un tanto peculiar le recordó a aquel canoso hombre que llamó una vez a supuerta preguntándole si quería escapar con ella al paraíso colombiano. Ella, con sus palabras más sinceras, le dijo al pobre hombre que eso no podía ser, que tenía que aceptar lo que estaba por llegar. Tenía que ser firme y seguir donde el viento la llevara. Una vez parado el tren, Alisha cogió su maletín y su viejo libro y salió a correr en busca de su nuevo destino, fue ahí cuando se dio cuenta que ese loco barbudo tenía razón. Tenía que aceptar el cambio, ser fuerte y volar hacia el más allá.
Me ha gustado mucho este relato, lo que dice y lo que no dice.
ResponderEliminarTe escribo para darte las gracias por seguirme desde hace algún tiempo, y avisarte de que he vuelto a escribir a menudo.
Este es uno de los últimos que he publicado, feliz lunes :)
http://lasnutriastepatearanelculo.blogspot.com.es/2012/03/inspecciones-ellos.html
acias por tu comentario, la verdad...jejeje. pues entraré al tuyo y le echaré un vistazo. Un saludo...feliz lunes para ti tb ;)
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