jueves, 24 de octubre de 2013

Escribir en tus pálidas rosas

Sentir que no soy máquina de escribir
sentir que las páginas se marchitan,
llorar el amor en el Guadalquivir
son la pureza de aquellos que me habitan.

Las pálidas rosas del eterno sinfín,
me llaman, me ríen 
y la voz de un arlequín
me susurra al oído, ¿Dónde estás
alma en pena? ¿Dónde habita tu calma?
¿Eres tu la dulce doncella que habita mi noche?


Los latidos de aquel atardecer,
fogosos de ver tu cuerpo
me desnudan. 

No soy yo la que duerme
escuchando las olas en aquel acantilado.
Eres tú el caballero de la noche
el que me abraza y me posee 
con tus pálidas rosas. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario