Hoy me he levantado del sofá a las 3 de la tarde. He abierto las ventanas y el sol estaba espléndido. Corrí hacia la calle sin dejar nada atrás y me fui donde nadie me pudiera ver. Corría, corría pero me sentía incapaz de llegar. Así que decidí pararme en un lugar tranquilo, sin que un alma rondara por allí. Decidí ir al cementerio más próximo. Allí, sentada junto a las tumbas, abrí las manos y toqué el cielo.
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