Intensidad es eso que tocas y te sale hielo. Eso que se marchita si no la admiras junto al horizonte. Intensidad es vivir como una noria de papel. Como una flor que llora cuando no te ve. Como una boca de ron al caer la noche. Como un beso perfumado al amanecer. Como un piano que canta al atardecer. ¿Pero qué pasa cuando llega la luna y todo se esfuma? ¿es que el ángel que cae del árbol no sabe que yo ya estoy inerte? ¿Acaso no sabe que nada me tienta más que ver el río llorar? No es posible que cuando las ventanas reflejan la música del viento, me lleven hasta el parque donde nos vimos nacer. Donde nos vimos morir. ¿Es esa la bota de acero que llevaste aquel día? ¿es esa la pluma que rayaste en mi piel pálida? No, ángel mío, simplemente, la intensidad me ahogó en sus penas y las almohadas me lloraron toda la noche. No dudo de que ella siempre estará conmigo, sigilosa. Estará para susurrarme al oído que jamás se desprenderá de mí. Jamás me dejará las alas para nadar por el mar del cielo. Intensidad, tú, que todo me diste y no me deja marchar.
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