¿Sabemos por qué los seres humanos actuamos del tal o tal manera ante tal o tal situación extrema? Podríamos decir que hay miles de estudios sobre personas inquietas que no saben discernir entre el bien y el mal. Desde que aparecieron los primeros humanoides, hemos sido perpetuados como seres inteligentes, como seres capaces de hacer cualquier cosa para sobrevivir. Sin embargo, la cosa no está tan nítida. Creo que deberíamos de recapacitar un poquito más en lo que hacemos y decimos. Pero sobre todo en lo que decimos. Hemos sido capaces de irrumpir, de expandir profundidades ocultas, de superar límites indescriptibles, de ir caminando como cangrejos hacia el futuro. Pero yo me pregunto "¿es que acaso no podemos mirarnos al ombligo un rato y decirnos, pero por dios, basta ya de tanta estupidez? ¿acaso no sabemos mirar hacia nuestro dedo y ver como nos tiembla para descubrir que somos más estúpidos que un pollo sin cabeza?. De hecho, estos pobres pollos al menos son capaces de caminar hacia adelante sin tener cerebro. Y no, nosotros, con la cabeza bien alta y el cerebro sobre nuestros hombros, ni caminamos para atrás ni para adelante. Estamos quietos. Absortos en lo nuevo. Odiamos pensar en nuestras bocas. No nos escuchamos. Decimos para luego otorgar a otros nuestras desorbitadas chuminadas. El otro día, pasé por un bar, muy lindo todo, la comida exquisita y el perro del dueño cantaba un bolero magnífico. Pero, el mismísimo infierno se apoderó del bar y empezó a chillar como un loco. Estaba vestido de blanco, para más inri, y no paraba de soltar palabras sin sentido durante toda la noche. Se hizo de madrugada. Me fui a casa, me acosté y me volví a levantar. No pude dormir. Vi un pollo tras la puerta, sentí miedo pero fui tras él. Cuando llegué a su territorio se da la vuelta y sigue. No supe qué hacer. Así que me detuve un rato y pensé. Pensé en todo lo ocurrido. Pensé en la estupidez humana. Mi sonrisa me dio una carcajada y empecé a soñar. A caminar hacia el pasado. Y de ahí, que ahora mi ombligo está enfadado, muy enojado incluso. No para de callarme. De decirme que pare. Que haga como el pollo y siga hacia adelante. ¿Tendrá razón mi ombligo y he de imitar al pollo? Pregunta sin respuesta, dirán muchos. Pero no, si la hay. Búsquenla en su ombligo.
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